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Apocalypse Now

Apocalypse Now (1979)

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Apocalypse Now

I watched a snail crawl along the edge of a straight razor. That’s my dream; that’s my nightmare. La he vuelto a ver tras 5 años. Ese primer visionado del que siempre me he acordado, completamente contaminado por el cansancio de aquel chaval. Pero aquí estamos de nuevo, poniendo en valor a la mejor película de Francis Ford Coppola. “_Mi película no es sobre Vietnam. Es Vietnam_”. La crítica de Coppola a lo que supuso la guerra es impresionante. Un conflicto contra una supuesta inmoralidad en el que acabaron pecando todos de lo mismo. Hace poco vi un documental de Chris Marker —The Sixth Side of the Pentagon (1968)— en el que se detalla lo que fue la protesta de 100.000 personas contra la guerra enfrente del Pentágono. Es chocante como muestra la película a los soldados siendo chavales inexpertos y llevados a morir por una causa ajena a ellos por completo. La primera hora es impresionante. Para muchos lo mejor de la película, debido a la iconicidad de las escenas. Robert Duvall y su Bill Kilgore, el ataque de los helicópteros, “Ride of the Valkyries”, “This Is the End” abriendo la película. Las conversaciones sobre surf. Tampoco recordaba la cantidad de actores casi irreconocibles que aparecen en pantalla: jovencísimos Laurence Fishburne, Harrison Ford, Scott Glenn —Garvey Sr. en “_The Leftovers_”–, Dennis Hopper. Por otra parte, la fotografía es brutal. Principalmente grabado en Filipinas, en unos parajes fascinantes. En su tramo de road movie, a lo largo del río Nung, se disfruta muchísimo de este apartado. Planos que son cuadros. Pósteres. He leído a muchas personas hablar de "final decepcionante". No puedo estar más en desacuerdo. No decepciona, atropella. Marlon Brando —a pesar de la infinidad de problemas que dio en la producción— ofrece una actuación a la altura de la película. La presentación del Coronel Kurtz me parece de lo mejor del film. Su puesta en escena, sombría y espeluznante. Con un aura draculesco, con la oscuridad siendo una extremidad más del personaje. Es ahora cuando se pausa todo, dando lugar a la reflexión, a las capas morales de cada personaje, porque nada nunca fue blanco o negro. Todo para finalizar con la mirada profunda, perdida, destruida de Martin Sheen mientras resuena un último suspiro en Vietnam: “_The horror… the horror…_”.

Black Dog

Black Dog (2025)

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Black Dog

Para todos los que emprenden el viaje otra vez… Lang regresa a su casa tras haber cumplido condena en prisión. Se encontrará una ciudad al borde de la desaparición, en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín y con un descontrol de perros callejeros que tiene alertados a todos. Black Dog (2024) representa muchos temas. La preciosa relación que puede surgir entre un ser humano y un perro, también el maltrato animal, o la urbanización destructora en pueblos remotos allá por las zonas más despobladas de China — en este caso, zonas próximas al desierto de Gobi — . Esto ya lo cuenta y perfecciona Jia Zhangke en sus películas. Y no es baladí, ya que Zhangke actúa en esta película como el jefe de la patrulla que debe erradicar la plaga de perros callejeros y asilvestrados, a la cual se enfrentan. Guan Hu logra fabricar un drama emocional, integrando los elementos del western. Planos generales en paisajes áridos y secos o la rivalidad entre semejantes. Yendo más allá, quiero destacar la fotografía, es apabullante, y precisamente en dichos planos grandes consigue dar la visión de vacío, de despoblación que sufrieron este tipo de ciudades debido a la emigración. Pero no solo la fotografía, sino el cómo está grabada, se aprecia el granulado en la imagen y es un detalle que me ha sumado mucho, dado que no es algo que considere común en las películas de los últimos años. Es uno de sus puntos fuertes sin dudarlo. También quiero subrayar el juego de cámara, los movimientos dentro del plano. Otra de las fortalezas son los animales. Perros por doquier, llevando una vida de abandono — debido a la emigración que mencionaba — , tratando de sobrevivir en un contexto en el que son apestados bajo la justificación de que padecen la rabia. Guan Hu se posiciona desde una perspectiva amable con ellos, actúan con miedo, con peligro, pero simplemente desean una buena existencia. ¿Lo mejor? ¡No solo hay perros! La edificación masiva es otro de los puntos clave de la cinta de Hu. Como decía, se muestra como China vivió en la primera década del siglo un proceso donde las zonas remotas, rurales, se vieron vendidas a la construcción —y destrucción — . Es este un punto de inicio para comentar que el problema de Black Dog no es otro que intentar abarcar demasiado. Vínculos profundos, lazos familiares, urbanización, venganza y redención, entre otros. Al final lo que pienso es que se consigue desviar miradas y desinflar ciertos puntos de la trama, dado que el foco de atención se desvía —como es normal — a la relación que se construye entre Lang y el precioso galgo negro. Una vez la cinta se dirige a su final, es donde mejor se aprecia esto, ya que parece que va a proceder un final, pero aún no. Me ha pasado dos o tres veces. No es por otra cosa que por intentar terminar de atar todos los cabos existentes. Ha sido bastante emocionante la experiencia de ver Black Dog, dado que era una película en la que tenía esperanzas y no me ha decepcionado. Es también interesante ver una película china donde la acción no ocurre en una metrópoli — aunque vaya camino de serlo — y, en cambio, se ambiente en una comunidad pequeña y marginal. El contraste entre principios de siglo y lo que conocemos de China hoy en día, es impactante. Por último, el final es precioso. A pesar de todos esos amagos de cierre que comentaba, no me ha molestado demasiado. Como anécdota, Eddie Peng Yu-yen, decidió adoptar a Xin, su coprotagonista canina. “Tuve este fuerte vínculo con ella y la adopté justo después de que terminara el rodaje de la película.” “Adoptarla fue la consecuencia natural de lo que vivimos juntos en el set.” ”Trabajar con animales fue lo más difícil que he hecho.”

Nights of Cabiria

Cabiria y yo

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Nights of Cabiria

Guess there’s some justice in the world. You suffer, you go trough hell. Then happiness comes along for everyone. El pasado sábado estaba con mi familia en Madrid. Mi padre —después de comer— mencionó un sitio para pasar la media tarde. A mí se me abrieron los ojos al escuchar el nombre de este lugar. “Cabiria”, dijo. Ya antes de entrar se veía que era diferente. Una entrada llena de decoración, pero que, al cruzar la puerta, toda descripción que haga se quedará corta. Nos fuimos a sentar donde —según yo— pensaba que tendríamos mejor perspectiva y visión de todo el restaurante. Porque sí, Cabiria era un restaurante italiano. Ya en mi sitio, me quedé embobado de mi alrededor: estatuas surrealistas, botellas de alcohol nombradas según personalidades italianas dentro del arte —Federico Fellini, Raffaela Carrá, Ennio Morricone, Mónica Belluci, entre otros— , fotos relacionadas con la película, y todo bajo la atenta mirada de una figura del director italiano escondido en la entrada grabando con su cámara. Quedé enamorado de este sitio orquestado bajo la influencia de _Las noches de Cabiria_ (1957). Hay veces que necesitas toques de atención para hacer ciertas cosas. Yo tenía a Federico Fellini apuntándome con su cámara desde el vestíbulo diciéndome que ya iba siendo hora de ver sus películas. Y que debía comenzar con esta. En cuanto al filme en sí, se relata la historia de una mujer instintiva e ingenua que se ve golpeada por la vida, pero que siempre tratará de caer de pie. Giulietta Masina ofrece una de las mejores interpretaciones que haya visto. No quiero decirlo de manera que parezca que quiero crear hipérboles o exagerar por gusto, para nada. Hace de Cabiria un personaje con una personalidad que facilita una conexión natural entre el espectador y ella. Una de las razones que más me ha llevado a pensar esto es, sin duda, el lenguaje no verbal de Masina. Muecas, gestos y sonrisas. Los detalles son todos perfectos. Me ha dejado alucinado. Y es que es precisamente la personalidad que escribe Fellini para el personaje, lo que hace —también— posible esa perfección. Y no estoy descubriendo el fuego, _Las noches de Cabiria_ (1957) es, junto a _La Strada_ (1954), prueba viviente del paso a la historia del tándem Masina-Fellini. El desarrollo de la primera mitad de la historia va saltando entre situaciones dramáticas. Entre decepciones sufridas, ella se rinde a la Virgen en busca del milagro que le haga reconducir su vida para poder alcanzar la felicidad que anhela. Dicha secuencia, con cientos de paisanos implorando la gracia divina, consigue alcanzar un punto emocional donde se puede sentir el deseo de un giro vital por parte de la protagonista. Existen secuencias cumbre en la película, esta que recién cito es una de ellas. Pero es a raíz del espectáculo de magia que la película se adentra en los grises. Hasta entonces, se había visto a Cabiria siguiendo una narración firme y precisa: sus problemas, inquietudes, deseos, relaciones. Así como el mago que presenta su siguiente truco, Fellini hace lo propia con su película. Ante una hipnosis, todo queda en trance. Esta escena es de una belleza increíble, donde Cabiria expresa su deseo —y su trauma— más profundo. La trama que supondrá el desenlace refleja cómo Masina persigue la fantasía, la aprobación divina. Una mujer que tantas humillaciones ha sufrido, no buscará otra cosa que gritarle al mundo que su vida ha cambiado. A sus amigas, a Wanda, al cura. Contarle a todo el mundo de su felicidad. De un rezo cumplido. De la moneda en la fuente que ha caído cara. La escena final de la película crea un choque de emociones en mí. Por un lado, es uno de esos finales que se guardan en la retina para siempre. Delicado y emotivo. Como dije previamente, los gestos silenciosos. El momento en el que el espectador cruza miradas con Giuletta Masina al final de _Las noches de Cabiria_ (1957) no se olvidará jamás.

Zidane: A 21st Century Portrait

El 5 da buena suerte

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Zidane: A 21st Century Portrait

Magic is sometimes very close to nothing at all. Vengo de una generación testigo de haber visto y vivido cantidad de eventos considerados importantes. Soy consciente, y está bien, pero yo a él no le vi. Llegué tarde. Y siempre tendré esa espina. _Zidane, un portrait du 21e siècle_ (2006) es mucho más que un documental deportivo. En caso de catalogarlo, se trata de uno de los grandes documentales —no ya deportivos —  de este siglo. Tanto Douglas Gordon como Philippe Barreno capturan la esencia de un partido de fútbol desde la perspectiva de Zinedine Zidane. Es asombroso el hecho de cómo un partido cualquiera en un día cualquiera deja de ser uno más desde el momento en el que una cámara —y hasta diecisiete  —  atrapa la acción durante 90 minutos. Un 23 de abril de 2005 se disputa en el Santiago Bernabéu un Real Madrid — Villarreal. Por un lado, Diego Forlán, Juan Román Riquelme o Marcos Senna, por el otro, los Galácticos —David Beckham, Ronaldo Nazario o Raúl González, entre otros — , pero todos son sombras, personas difuminadas que entran y salen del plano, corriendo o no, interponiéndose entre el protagonista y el espectador. En un cielo estrellado siempre hay una estrella que brilla más que las demás. La presencia del 5 es hipnótica, y el juego técnico de sus directores aumenta la sensación. Los trucos de enfoque, los primeros —y primerísimos  primeros—  planos, los encuadres… Son la base de la película. El montaje, en un principio, me ha jugado una mala pasada, pero según avanzaba la acción, lo he ido viendo con mejores ojos. Montar un partido fútbol significa rapidez y frenetismo, no sabría a ciencia cierta hasta qué punto, pero, en este caso, se consigue disfrutar de cada plano. Hacia el final del partido, me quedo con dos escenas, contrapuestas. En primer lugar, una breve escena donde Roberto Carlos y Zidane se comentan y se sonríen. En un partido tenso, es la primera y única vez que Zizou sonreirá. Por otro lado, el desenlace del partido, ocurre una tangana y el francés se encara, acaban expulsados tanto él como el jugador del Villarreal. Broche de oro a una delirante actuación arbitral. Pero la secuencia es bárbara. He leído algunas reviews por Letterboxd definiendo este documental como “aburrido”. Es cuando yo pienso, ¿en qué momento ver a Zidane se volvió tal?